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Esta sección no podía faltar, ¿verdad?, ya que ser lesbianas y ni siquiera saber qué es el feminismo es como ser bruja y nunca haber abierto el libro de hechizos.

 

Espero que los artículos que voy a ir poniendo acá les sean de interés y utilidad, y si tienen algún artículo interesante que quieran compartir, envíenlo a mi correo y será publicado.

 

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por la Web Bruja

 

El feminismo es un movimiento social que busca liberar a las mujeres y a los varones de la opresión de los géneros. Existen muchas corrientes, diferencias y similitudes de pensamiento dentro del feminismo, pero básicamente, la idea central gira en torno a que las mujeres sufren una opresión que  no es compartida por los hombres y de la que, por lo general, los hombres son los beneficiarios políticos, sociales, emocionales y económicos. No es un movimiento anti-hombres, sino un movimiento que rechaza la opresión genérica,  rechaza al sistema patriarcal, al machismo y al sexismo, no a los individuos que forman parte de él.

 

Si bien las mujeres somos las que llevamos la peor parte en este juego de poderes, también los hombres son sojuzgados por estar en el papel de opresores, además, ellos no son los únicos que ejercen el machismo en la sociedad, y eso tampoco significa que las mujeres seamos las culpables, significa que la falla está en el sistema, el cual el feminismo trata de cambiar.

Como actitud y como reacción, el feminismo siempre ha estado presente, desde los albores de la historia. Un claro ejemplo  es la historia de las brujas, pero hoy el feminismo ya no es sólo una actitud y una reacción, sino que es además un planteamiento teórico y una posición política e ideológica que engloban a todo un movimiento, y como tal su aparición fue más tardía porque fue parte de un largo proceso histórico que aún no termina y que ha ido dando saltos y haciendo avances de acuerdo al contexto histórico y político de diferentes lugares y épocas.

 

Mary Wallstonecraft es un nombre para recordar cuando hablamos de los primeros esbozos de lo que es el movimiento ahora, ya que ella fue la primera en escribir un tratado feminista, “Reivindicación de los derechos de la mujer”, escrito en 1792, en Inglaterra, dónde la autora exigía igualdad de derechos para las mujeres de una manera decidida. Un hecho histórico que permitió que Mary y otras mujeres den este gran paso fue el discurso de igualdad, libertad y fraternidad que se manejaba durante la revolución francesa. Y ya que hablamos de Francia, fue ahí donde mujeres de clubes  republicanos exigieron esos mismos derechos para ambos sexos, pero la aprobación del Código Napoleónico, basado en la legislación romana, cortó en Europa cualquier reivindicación en este sentido.

 

 

Mary Wallstonecraft

 

 

Poco después, ya en la época de la revolución industrial se dieron más brotes emancipadores. En Europa surgieron algunos grupos feministas que no tuvieron gran repercusión. La Iglesia católica se opuso al feminismo argumentando que destruía la familia. En los países agrícolas se mantenían las ideas tradicionales y en las sociedades industriales las reivindicaciones feministas tendían a ser sofocadas por el movimiento socialista. Aquellos lugares en los que el feminismo fue mejor recibido en esa época, fueron Gran Bretaña y Estados Unidos, y el movimiento estaba conformado por mujeres estudiosas, de clase media.

 

La primera convención por los derechos de la mujer se llevó a cabo en Séneca Falls, Nueva York, Estados Unidos, en 1848. Asistieron más de 100 personas. La convención fue dirigida por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, la primera abolicionista y la segunda feminista.  Entre sus principales exigencias estaban la igualdad de derechos, incluido el derecho al voto, y el fin de la doble moralidad. Las feministas inglesas se reunieron por primera vez en 1855. La publicación en 1869 de “Sobre la esclavitud de las mujeres” de John Stuart Mill (basado en muchas conversaciones mantenidas con su esposa Harriet Taylor Mill) atrajo la atención del público hacia la causa feminista británica, sobre todo en lo relativo al derecho al voto. Hasta finales del siglo XIX y bien entrado el XX no se incluyó este derecho en las Constituciones de los países. Es increíble, aún para nosotras que vivimos en un país subdesarrollado, saber que hoy en día aún existen países en los que las mujeres no tiene derecho al voto, como Kuwait, Jordania y Arabia Saudí.

 

En 1910, la escritora y política feminista alemana, Clara Zetkin, organizó la primera conferencia internacional de mujeres socialistas, donde se aprobó una resolución que establecía el día 8 de marzo como Día Internacional de la mujer trabajadora, día que recordamos hoy, aquí y en varios otros países  como el “Día de la Mujer”, en el cual se recuerdan y se celebran los derechos de las mujeres. Eso me recuerda que cada 8 de marzo me pregunto si aquellos que nos felicitan en realidad saben por qué lo hacen. Parece como si algunos varones, y mujeres también, pensaran que es como una felicitación de cumpleaños, o del día de la amistad (con la falsedad del caso porque tal día no existe, ¿verdad?, ya que el 23 de julio es en realidad el “Día de Inspiration Cards”). En fin, si ustedes no lo sabían, ahora lo saben y cuando las feliciten ese día háganme el favor de explicarles qué significa todo este asunto.

 

Volviendo a la historia,  después de las guerras y revoluciones en Rusia (1917) y China (1949), los nuevos gobiernos comunistas abandonaron el sistema patriarcal de familia y apoyaron la igualdad de los sexos y el control de la natalidad. Pero aún así, en la Unión Soviética el trabajo de las mujeres era mal pagado y estaban escasamente representadas en el partido y en el gobierno. China, aunque fiel a sus ideas revolucionarias, mantenía una cierta discriminación laboral hacia las mujeres debido a su milenaria cultura misógina.  

 

Ya en la década de los 60, la revolución sexual promovida por el hippismo, movimiento que fue una reacción de la juventud estadosuniense a los problemas sociales y políticos de su país y que fue adoptada por otros países con conflictos similares, favoreció la aparición de un feminismo que se centraba en aspectos ligados a la condición sociocultural de las mujeres.  Se cuestionaron las instituciones sociales y los valores morales destruyendo la idea de “naturalidad” que siempre se les otorgó a las mujeres, y sosteniendo que la mayor parte de las diferencias entre hombres y mujeres no eran biológicas sino culturales. Muchas feministas opinaban que el propio lenguaje perpetuaba este problema al reflejar en sus formas el dominio del hombre. 

 

También se experimentaron nuevos tipos de relación, compartiendo los roles domésticos, o como las mujeres del movimiento lesbofeminista, surgido en los años 70, que proclamaban el lesbianismo como la única manera de lograr una total independencia de las mujeres, y de desestructurar desde sus bases el sistema patriarcal. Entre 1960 y 1970 se organizaron varios grupos pro derechos de las mujeres, los objetivos incluían la igualdad de salario a trabajo igual, ayuda estatal para el cuidado de los niños, reconocimiento de los derechos de las lesbianas, legalización del aborto y un análisis profundo de los problemas de la violación, los malos tratos y de la discriminación de las mujeres mayores y de minorías.

 

Después de grandes esfuerzos y gracias a una gran lucha que todavía no acaba, se han logrado varias cosas: en muchos países del mundo las mujeres pueden votar y ocupar cargos públicos; en muchos países gracias a la Comisión de las Naciones Unidas para el Estatus de la Mujer (creada en 1946), se han conseguido nuevos derechos y un mayor acceso a la educación y al mercado laboral para las mujeres. Pero a pesar de esto,  la llegada de la industrialización a los países no occidentales ha destruido algunas medidas económicas tradicionales favorables a las mujeres, ofreciendo como único empleo el trabajo mal pagado en fábricas. Vale la pena aclarar que a pesar de trabajar en fábricas, o simplemente fuera de la casa, las mujeres no se libran de la opresión doméstica, sino que se mantienen ligadas al espacio del hogar por esa relación que se atribuye como “natural” entre la madre y los hijos, y entre la esposa y el cuidado del hogar, por lo tanto la opresión no disminuye, sino que aumenta convirtiéndose en lo que se conoce como la “doble jornada”.

 

La aparición del fundamentalismo religioso en el mundo islámico también ha producido rebrotes de las prácticas opresivas contra las mujeres. Varios grupos feministas de los países en vías de desarrollo han intentado mejorar el estatus social de las mujerees a través de campañas contra los códigos legales y sociales discriminatorios, violentos y opresivos, como el purdah (aislamiento de mujeres) en Arabia; en las sociedades islámicas y el sistema de dotes en India, oponiéndose a la mutilación genital femenina (clitoridectomía e infibulación). Como les decía algunas líneas más arriba, es una lucha que no ha terminado.

 

                                                                                  

 

 

 

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